Primeras civilizaciones agrícolas

Te explicamos cuáles fueron las primeras civilizaciones agrícolas y cómo se desarrollaron en Mesopotamia, Egipto, India, China y Mesoamérica.

Primeras civilizaciones agrícolas
La vida agrícola sentó las bases para el surgimiento de los primeros poblados.

¿Cuáles fueron las primeras civilizaciones agrícolas?

Se conoce como civilizaciones agrícolas a aquellas que dependen de la generación de alimentos mediante el cultivo del suelo, o sea, a aquellas que ejercen la agricultura como principal actividad de sustento de su población.

Este término es especialmente importante en lo que se refiere a la prehistoria de la humanidad, dado que la invención de la agricultura supuso un gigantesco cambio en los patrones y las conductas de la sociedad humana ancestral, llevándola entre otras cosas a abandonar el nomadismo y asentarse en un mismo sitio durante toda la vida.

La llamada Revolución agrícola o Revolución del Neolítico tuvo lugar en el Período Neolítico de la Edad de Piedra alrededor del año 6.000 a. C., más o menos.

Sin embargo, sus antecedentes tenían ya varios miles de años practicándose, desde que se domesticaron los ocho cultivos fundacionales de la agricultura mediterránea alrededor del 10.000 a. C., que fueron el farro, el trigo escanda, la cebada, las lentejas, los guisantes, el garbanzo, el lino y las habas. A esto se sumó el arroz, domesticado en China alrededor del 11.500 a. C. y la papa, domesticada en los Andes sudamericanos alrededor del año 8000 a. C.

La vida agrícola asentó a la humanidad y plantó las bases para el surgimiento de los primeros poblados, en la medida en que los cultivos requerían mano de obra continua y debían defenderse de atacantes y fieras salvajes. Al mismo tiempo, le permitió domesticar otras especies animales, como el ganado de distinto tipo.

Este importante proceso histórico no se produjo en un único lugar, ni siquiera al mismo tiempo en las distintas geografías, sino que fue dándose de manera más o menos equiparable en las distintas cunas de la civilización humana, o sea, en las culturas prehistóricas más establecidas, las cuales crecieron hasta convertirse en las principales civilizaciones agrícolas de la Edad Antigua. A continuación hablaremos de algunas de ellas, una por una.

Ver también: Civilizaciones antiguas

Mesopotamia

Probablemente la región más estudiada de la antigüedad agrícola sea la llamada “medialuna fértil” que abarcó la totalidad de los territorios mesopotámicos, ubicados entre los ríos Tigris y Éufrates en el Oriente Medio, así como partes de Fenicia en el levante mediterráneo, del Antiguo Egipto y de Persia en la región asiática.

Se piensa que aquí tuvo lugar la Revolución Neolítica Occidental, ya que muchas de estas culturas fueron fundamentales en la construcción de la cultura mediterránea.

En el caso específico de Mesopotamia (del griego meso, “medio”, y pótamos, “río”, o sea, “entre ríos”), la agricultura inició con los sumerios alrededor del 8000 a. C., y con el cultivo de trigo y de cebada. Dado que en la región las lluvias son escasas, el cultivo requirió del aprovechamiento de las aguas de los ríos, para lo cual se construyeron grandes canales de riego.

En numerosa evidencia arqueológica de la famosa ciudad de Uruk de alrededor del 3.000 a. C., se evidencian representaciones de arados y de bestias de carga, así como de cultivos frutales como dátiles, manzanas, higos y melones.

Las fértiles tierras de la región fueron clave en el surgimiento de Sumeria. A esta civilización se le atribuye, además, aportes importantísimos para la historia humana, como la invención de la escritura cuneiforme, la primera que existió, empleando como soporte tablillas de barro cocido.

Posteriores culturas mesopotámicas, como los acadios y los babilonios, heredaron este importe legado económico y cultural. Constituyeron una referencia política en la región, controlando el comercio de la región e imponiendo sus códigos (como el famoso Código de Hammurabi) y su idioma a los territorios vecinos.

Sin embargo, en el año 539 a. C. fueron conquistados por Ciro el grande, rey del Imperio Persa en sus etapas de máxima expansión territorial y poderío militar.

Más en: Mesopotamia

Egipto

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Las inundaciones regulares y predecibles del Nilo favorecieron la agricultura en Egipto.

Muy cerca de Mesopotamia y formando parte de la “medialuna fértil”, la antigua civilización egipcia surgió a las orillas del río Nilo, cuyas inundaciones regulares y predecibles dejaban un limo fértil y sedimentos aprovechables para la siembra.

Gracias al río Nilo el Antiguo Egipto pudo ser una poderosa civilización agrícola cuyos comienzos en la agricultura datan de alrededor del 10.000 a. C., pero alcanzaron una producción a gran escala alrededor del año 3.200 a. C.

Sin esta generosa fuente de alimentos, Egipto no se habría convertido en el portentoso imperio que fue, referencia política, económica y cultural de la región del norte de África, el Oriente Próximo y el Mediterráneo durante más de 2000 años.

Autores de grandes obras arquitectónicas como las célebres pirámides y las esfinges que custodian las tumbas faraónicas, los egipcios poseían una mitología rica y un sistema de gobierno monárquico y teocrático, en el que el monarca, el faraón, era la encarnación del dios Osiris en la Tierra.

Entre sus cultivos más usuales estuvieron la avena, el sorgo, el lino, la cebada, el trigo y también el papiro, que usaron para fabricar soportes para su escritura jeroglífica. Los egipcios fueron los inventores de la cerveza, así como fabricantes de vino y cultivadores de flores.

Muchas de estas técnicas fueron heredadas por la civilización griega, cuando finalmente se adueñaron de la región del Nilo en el año 332 a. C., tras expulsar a los invasores persas que habían derrotado y conquistado el Imperio Egipcio alrededor del 525 a. C.

India

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Los bueyes domesticados colaboraron con la agricultura de la India.

Los primeros agricultores de la región del subcontinente indio surgieron alrededor del 7.000  a. C., y formaban parte de las culturas pre-arias del valle del Indo, surgidas alrededor del río Indo, beneficiándose de sus crecidas regulares tal y como lo hicieron en su tierra los egipcios.

Esta cultura existió entre el 3300 a. C. y el 1300 a. C., teniendo su época de esplendor entre el 2600 y el 1900 a. C., que giró alrededor de dos importantes ciudades: Harappa y Mohenjo-Daro, ambas en el actual Pakistán.

Los asentamientos de agricultores de la región, que luego dieron paso a las primeras ciudades fortificadas, se dedicaron a cultivar el trigo, la cebada, el sésamo, las legumbres, los dátiles y los melones. Cuando sus cultivos se extendieron hasta el río Ganges después del 1400 a. C., se incorporó como un producto de importancia el arroz.

Además, fueron excelentes textileros, aprovechando el algodón y la lana, y domesticaron el buey, el asno, el búfalo de río y los elefantes, ya que desconocían el caballo.

Esta cultura alcanzó niveles de gran importancia comercial en la región asiática y del Oriente Medio, como evidencia el hecho de que se los mencione en documentos sumerios y acadios. El intercambio con otros pueblos no sólo giraba en torno a los productos agrícolas, sino que también abarcaba metales como el estaño, el oro, el plomo y la plata, piedras preciosas como lapislázuli, turquesa y cornalina, o maderas oscuras como el ébano.

Además, las culturas del valle del Indo desarrollaron su propio sistema de escritura, compuesto de figuras en sellos de barro cocido, cuyo sentido exacto no logra todavía descifrarse.

China

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Las innovaciones chinas en agricultura luego fueron difundidas por Europa.

La antigua cultura china es una de las más importantes de la antigüedad asiática, y desde sus etapas paleolíticas ya presentaba evidencias de cultivo de plantas silvestres, con técnicas propias que luego se usarían para domesticar el mijo y el arroz. Existe evidencia de actividad agrícola en las regiones del norte de China (Xinglonggou, Yuezhang, Dadiwan) que se remonta al año 6250 a. C.

La cultura china posee una larga tradición de cultura agrícola, presente incluso en su mitología, y de la que rinden testimonio importantes tratados sobre el tema (la preparación de la tierra, la siembra, el cultivo, el comercio o el sistema de graneros) que datan de alrededor del siglo V a. C.

De hecho, se estima que el cultivo de arroz se extendió desde la China ancestral hacia las demás regiones del Asia, lo cual evidencia la importancia que ha tenido esta cultura milenaria en la historia económica y cultural del continente.

Además, los antiguos chinos desarrollaron numerosas innovaciones agrícolas, hacia el siglo I a. C., como martinetes hidráulicos para trillar y pulir el grano, sistemas de ruedas mecánicas tiradas por bueyes, arados pesados con rejas de hierro, y otros adelantos que luego fueron difundidos en Europa y trajeron consigo una verdadera explosión agrícola en esa región.

Mesoamérica

La región mesoamericana abarcó los territorios de los actuales México, Guatemala, El Salvador y Belice. Allí, el clima benigno y las fértiles tierras fueron clave para el desarrollo temprano de la actividad agrícola por parte de las culturas mesoamericanas prehistóricas.

De hecho, alrededor del año 5000 a. C. tuvo inicio el cultivo doméstico del maíz en el Valle de Tehuacán (ubicado en lo que hoy es Puebla, México). El maíz fue un alimento clave en la dieta no sólo de esta cultura, sino de América toda, cuya presencia se hizo sentir desde Canadá hasta Chile.

Para ello se empleó principalmente la coa, un tipo de azada de extremo puntiagudo, y se desarrollaron técnicas muy diferentes, como la roza o el cultivo en terrazas. Otros alimentos cultivados en la región fueron el cacao, el tomate, el aguacate, la calabaza, el chayote, el camote, la mandioca, la vainilla, el algodón y el tabaco.

La cultura mesoamericana no conoció la Edad de los Metales, y su empleo del oro y de otros minerales sólo fue ornamental y ritual, lo cual constituyó una limitación al desarrollo de sus técnicas agrícolas. Quizá por ello tardó en surgir un núcleo político y económico que agrupara a las diferentes culturas de la región, las cuales presentaban importantes semejanzas religiosas y culturales, pero también notorias discrepancias lingüísticas y étnicas.

Los puntos más elevados en el desarrollo cultural y científico mesoamericano, sin embargo, lo constituyeron las culturas maya, teotihuacana, zapoteca, mixteca, purépecha y sobre todo la mexica o azteca. De hecho, el imperio azteca llegó a ser la fuerza política más importante de la región hacia el siglo XV, cuando fueron derrotados y sometidos por los conquistadores españoles.

Investigaciones contemporáneas apenas comienzan a revelar el inmenso legado cultural y científico de estas culturas precolombinas, autoras de importantes obras arquitectónicas, como las pirámides del Sol y de la Luna, la ciudad de Tenochtitlán o el Chichén-Itzá.

Más en: Mesoamérica

Las culturas andinas sudamericanas

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El desarrollo agrícola de las culturas andinas debió sobreponerse a los retos del terreno montañoso.

En la región de los Andes sudamericanos, surgieron numerosas culturas entre las que destacó el Tahuantinsuyo, el Imperio Incaico, que existió entre 1438 y 1533, con capital en la ciudad sagrada de Cuzco, Perú.

El milenario desarrollo agrícola de estas culturas es fuente de asombro, dado que debió sobreponerse a los retos del terreno montañoso y a la ausencia de ríos que hicieran fértil la tierra. Por ende, los pueblos andinos desarrollaron técnicas agrícolas adaptadas a sus entornos selváticos, serranos y costeros, así como una importante red vial que permitía el intercambio de productos entre las regiones.

Entre los productos domesticados por las culturas andinas figura en primer lugar la papa, domesticada alrededor del 5.000 a. C., o el algodón, domesticado hacia el 3600 a. C. Junto a estos rubros se cultivó extensamente el maní, el tomate, la quinoa, el tabaco y la piña, y particularmente la coca, cultivo que aún figura entre los principales de la región.

También se domesticaron las especies de camélidos locales: alpacas, vicuñas y llamas, y se desarrollaron importantes herramientas de piedra o madera para el cultivo, como el arado a tracción humana (chaquitaqlla), así como técnicas de fertilización que incluían el entierro de sardinas y anchoas junto a los granos, o el guano de las aves.

Además, la disponibilidad de mano de obra de los incas les permitió llevar a cabo grandes obras de ingeniería agrícola:

  • Andenes: Terrazas destinadas a la siembra en las laderas andinas, haciendo circular el agua en canales que comunicaban sus distintos niveles.
  • Camellones: Montículos de tierra alrededor del lago Titicaca, que permitían un mejor drenaje de las aguas mediante surcos artificiales.
  • Cochas: Lagunas artificiales dotadas de concavidades o surcos, idóneas para adaptar la siembra a las condiciones climáticas del altiplano.

La cultura andina alcanzó su cénit en el Imperio incaico, centro hegemónico de la política, cultura y economía en la región andina, abarcando el corazón montañoso de Sudamérica. Se trataba de una sociedad esclavista y de régimen feudal, en la que no existían ni los mercados ni el dinero, y que era gobernada por una monarquía sagrada.

Sin embargo, cuando los conquistadores españoles marcharon sobre la región en el siglo XVI, al mando de Francisco Pisarro, el Imperio se hallaba en una situación de inestabilidad y descontento tal, fruto de una reciente guerra civil, que no estuvieron en condiciones de defenderse.

En 1533 los conquistadores ejecutaron a Atahualpa, el último soberano del imperio, poniendo fin formalmente al Tahuantinsuyo, a pesar de que hubo una encarnizada resistencia inca hasta 1572, dirigida por el líder Tupac Amaru I.

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Referencias

  • “Historia de la agricultura” en Wikipedia.
  • “Las civilizaciones agrícolas de Oriente y del Mediterráneo” en Unión Jalisco (México).
  • “The Development of Agriculture” en National Geographic.
  • “Origins of Agriculture” en The Encyclopaedia Britannica.